AÑO NUEVO, POLÍTICAS VIEJAS
El gobierno despide el año eliminando un organismo clave y eludiendo responsabilidades. Sin plan, sin transición y sin respuestas, la discapacidad es otra vez la variable descartable de una política que elige excluir.
OPINIÓNMARIANO HATZENBUHLER
12/30/2025


AUTOR
Mariano Hatzenbuhler
Cerrar este organismo también funciona como una forma de tapar lo ocurrido puertas adentro. La corrupción existió y fue perpetrada por ellos mismos. Sobres, coimas, porcentajes, fondos desviados y recursos que nunca llegaron a quienes más los necesitaban hoy parecen barrerse bajo la alfombra con una decisión administrativa que elimina al ente completo en lugar de transparentarlo y corregirlo.
Las consecuencias son inmediatas y graves. Miles de personas quedan sin cobertura, sin orientación y sin un lugar al cual recurrir. El Estado se retira de una de sus responsabilidades más básicas: garantizar derechos, acompañamiento y políticas públicas para uno de los sectores más vulnerables de la sociedad.
Mientras se repite el discurso de “Año Nuevo, cosas nuevas”, el 31 de diciembre no trae esperanza para las personas con discapacidad. El 2026 comienza con incertidumbre: no se sabe a dónde acudir, a quién reclamar ni cómo exigir que el Estado cumpla la función para la que fue elegido.
Como en una película que la Argentina repite una y otra vez, el “todos” vuelve a no incluir a todos. La discapacidad queda relegada, tratada como un tema secundario, prescindible, incómodo.
Por eso no corresponde desear un feliz Año Nuevo. Porque para miles de personas el 2026 empieza, otra vez, desde el desamparo, la incertidumbre y el abandono estatal.




El cierre de la A.N.D.I.S. no es un hecho menor. Es una decisión política de alto impacto que el gobierno tomó para cerrar el año haciendo ruido y dejando en evidencia, una vez más, a quiénes decide excluir. La Agencia Nacional de Discapacidad fue cerrada sin una alternativa clara, sin un plan de transición y sin consideración por las miles de personas que dependen de su existencia.
La metáfora es brutal pero precisa: una “limpieza” de fin de año en la que se descarta lo que molesta. En este caso, las personas con discapacidad y sus familias. No hay eufemismos que alcancen para disimularlo.
