LA ESCENA NO SE DESCARGA: SE CONSTRUYE PONIENDO EL CUERPO
En tiempos donde todo parece resolverse con un click y la virtualidad promete soluciones mágicas, construir una escena cultural real exige algo más incómodo: compromiso, presencia y responsabilidad colectiva. Sin cuerpo no hay comunidad. Sin comunidad no hay escena.
OPINIÓNLAURA FERRARIS
2/28/2026


AUTORA
Laura Ferraris
Es responsable quien no va a ver a artistas locales, o aquellos que hacen lo impensado para no pagar una entrada. Es responsable cada artista que no apoya a sus colegas o peor, hace como si lxs apoyara pero en realidad no tiene un compromiso real. En el caso de la música, quienes comparten grilla pero no se apoyan ni siquiera para que se sientan acompañadxs. Son responsables los medios y comunicadores que piden acreditaciones cuando tocan bandas “de afuera”, pero miran para otro lado cuando la fecha es autogestiva y local. Es peor el caso de los medios que se construyen a partir del discurso de estar del lado de lxs desvalidxs y vulnerables, pero piensa que es una buena idea coaccionarlxs para “subsistir”.
Los problemas estructurales siguen siendo los mismos: pocos espacios habilitados y en condiciones reales para trabajar. No alcanza con abrir una puerta. Los lugares deben garantizar sonido, luces, electricidad, seguridad y, por sobre todo, UN TRATO DIGNO. Brindar un espacio sin condiciones mínimas no convierte a nadie en benefactor cultural ni genera una deuda eterna de gratitud.
Hay algo que ya es momento que tiene que quedar muy en claro: LXS ARTISTAS SON TRABAJADORXS. Vivan o no exclusivamente de su arte, trabajan. Y como cualquier laburante, merecen condiciones dignas y una remuneración justa.
En el plano mediático la situación tampoco es sencilla. Así como existen noticias falsas y pseudo-medios que las replican, también abundan cuentas que dicen “cubrir la escena” pero solo gestionan acreditaciones para eventos grandes o para amistades, o simplemente para entrar gratis a los shows sin aportar nada a la escena. Difusión real, sostenida y comprometida, muy poca.
Es difícil encontrar información sistemática sobre lanzamientos locales, fechas, procesos creativos, posicionamientos políticos o culturales de los artistas. Y cuando alguien logra llegar a un medio masivo, muchas veces es porque paga. Paga la nota, paga los minutos al aire, paga visibilidad. A veces, ni siquiera le paga a medios hegemónicos.




Que se le cobre ochenta mil pesos a un artista emergente por una entrevista no es “filtrar calidad”, no es “de alguna manera tenemos que sostener el medio y a las personas que trabajan acá”, lo que hace es expulsar voces. Sí, los medios necesitan ingresos. Pero la subsistencia no puede sostenerse a costas de la escena local o dejando afuera a quienes construyen cultura todos los días, ni reemplazando agenda cultural por cobertura automática de actos oficiales a cambio de una pauta migaja.
No hay contradicción entre recibir pauta y difundir escena local. Lo que falta no es presupuesto: es decisión, determinación y/o convicción.
Y ahora lo incómodo: la comunidad artística también tiene que revisar cómo comunica. Porque bancar la escena implica exigirle más a todxs, incluso a quienes la protagonizan.
El mensaje musical puede ser potente, la obra puede decir mucho, pero si el proyecto no tiene una estrategia mínima de comunicación, el alcance se reduce. No alcanza con subir un flyer cuando hay fecha. No alcanza con improvisar un posteo cada tanto.
No es novedad que vivimos en la era de la hiperconexión: todo está a un click de distancia. Ya no parece necesario esforzarse demasiado para conseguir algunas cosas. La Inteligencia Artificial hace casi cualquier cosa que una persona le pida, siempre y cuando escriba el prompt correcto.
Pero entonces la pregunta es inevitable: ¿cómo construimos algo verdadero en la era de lo artificial? ¿Cómo se arma una escena cultural hoy, cuando pareciera que cada vez menos gente está dispuesta a poner el cuerpo?
La falta de voluntad —sumada a problemas estructurales que se agravaron después de la pandemia— hace difícil responder estas preguntas. En San Juan siempre faltaron lugares para tocar. Y también, seamos honestos, siempre faltó compromiso real para sostener a las bandas y artistas locales. Pero cuidado: no caigamos en la nostalgia fácil de creer que todo tiempo por pasado fue mejor.
Ahora bien, ordenemos la discusión. ¿Falta de voluntad de quién? De todxs. Nadie está exento de responsabilidad.
Redes sociales actualizadas, fotos de alta calidad, información clara, vías de contacto visibles, una reseña del proyecto, plataformas donde escuchar o saber más sobre el material: eso no es marketing vacío, es profesionalización. Y profesionalizarse, sonar mejor, comunicar mejor no es salirse del under, es 100% militancia cultural.
Si la información está disponible, circula. Si circula, crece. Y si crece, fortalece la escena.
Construir escena no es una tarea romántica ni automática: es una responsabilidad colectiva, es una construcción que se hace de manera uniforme, de cualquier otra manera tarde o temprano se derrumba. El público tiene que dejar de consumir solo lo que el algoritmo empuja y empezar a elegir lo que se produce en su territorio. Los medios tienen que asumir que difundir cultura local no es caridad, es posicionamiento político. Y las bandas, elencos y artistas en general tienen que entender que comunicar también es parte del trabajo. Porque si no defendemos lo nuestro, nadie lo va a hacer por nosotrxs. La escena no se descarga, no se terceriza y no se delega: se construye, se sostiene y se milita.




