SI TOCAN NUESTROS DERECHOS, RESPONDEMOS EN LAS CALLES

El 8 de marzo encuentra a la Argentina en medio de un retroceso brutal en materia de derechos. Con ajuste, desfinanciamiento y reformas laborales que precarizan aún más la vida, el gobierno de Milei golpea con especial fuerza a las mujeres. Pero si algo ha demostrado la historia es que cada derecho que intentan quitarnos vuelve a levantarse en organización y lucha.

EDITORIALLAURA FERRARIS

3/8/2026

AUTORA

Laura Ferraris

En primer lugar, omite por completo las perspectivas de género y de cuidado, porque no aborda la relación entre empleo y responsabilidades de cuidado que recaen mayoritariamente sobre las mujeres. Esa omisión limita nuestra participación laboral y perpetúa desigualdades estructurales.

También debilita la negociación colectiva, al priorizar convenios por empresa o región. Esto habilita negociaciones a la baja y pone en riesgo los pocos avances logrados en licencias parentales, subsidios para cuidados y otros derechos conquistados por las trabajadoras.

La reforma, además, propone flexibilización horaria, con mecanismos como el banco de horas y acuerdos “voluntarios” entre empleador y trabajador. En la práctica, esto puede generar sobrecarga laboral, horarios imprevisibles y enormes dificultades para organizar las tareas de cuidado, algo que vuelve a impactar especialmente sobre las mujeres.

Otro punto crítico es la eliminación de la ley de teletrabajo, que deroga la única norma que reconocía explícitamente las tareas de cuidado en esta modalidad laboral. Al dejar su regulación en manos de acuerdos individuales, se incrementa la vulnerabilidad de las trabajadoras.

Hay momentos en los que escribir una editorial es casi un trámite. Y hay otros, como este 8 de marzo de 2026, en los que cada palabra pesa porque lo que está en juego son derechos conquistados en décadas de lucha. En la Argentina de Javier Milei, el ajuste no es neutral: tiene consecuencias concretas sobre los cuerpos, los trabajos y las vidas de las mujeres. Por eso este 8M no es solo una fecha de memoria y reivindicación: es, otra vez, una convocatoria urgente a organizarnos y salir a defender lo que es nuestro.

Qué difícil es pensar cómo encarar una editorial en un 8 de marzo como el de este 2026. Nos gobierna Javier Milei y, como era de esperarse, su modelo político arrasó con todo. Pero, por supuesto, también arrasó con las políticas públicas con perspectiva de género, desmantelándolas bajo el argumento de que son “ideológicas” o simple “adoctrinamiento”.

Como si garantizar derechos fuera una exageración. Como si repartir preservativos para prevenir el contagio de ITS —algo que, por cierto, viene empeorando en los últimos años— fuera un capricho. Como si recortar programas de asistencia a víctimas de violencia de género fuera apenas un ajuste administrativo.

Soy una mujer de 34 años, madre soltera, periodista recibida de la Universidad Pública. Como yo hay miles, con realidades distintas pero atravesadas por problemas comunes.

Muchas no cuentan con un trabajo registrado en relación de dependencia. Y si lo tienen, muchas veces el sueldo no alcanza para llegar a fin de mes. Otras sobreviven como trabajadoras independientes, autogestivas o emprendedoras. La bendita cuota alimentaria que nunca llega, o llega en infinitas cuotitas, o llega acompañada de reproches y discusiones.

La plata no alcanza. Lxs pibxs no pueden pasar necesidades. Y cada día parece más duro que el anterior.

Todo está caro y el gobierno no hace más que seguir asfixiando al pueblo. En ese contexto, la reforma laboral impulsada por Milei impacta especialmente en las mujeres.

A esto se suma la desprotección frente a despidos discriminatorios. La normativa mantiene la posibilidad de despedir a una mujer embarazada o en período de maternidad pagando una indemnización agravada, pero sin garantizar su reincorporación, lo que deja a muchas mujeres expuestas a la discriminación laboral.

La reforma también mantiene un esquema de licencias desactualizado, que no amplía las licencias de maternidad y paternidad ni contempla situaciones como adopción, nacimientos múltiples, prematuros o el cuidado de hijos con discapacidad.

Además, desfinancia la seguridad social, reduciendo recursos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), lo que impacta directamente en políticas clave para la autonomía económica de las mujeres: asignaciones familiares, AUH, AUE y moratorias previsionales.

Otro punto alarmante es que profundiza la precarización del trabajo en casas particulares, ampliando el período de prueba a seis meses. Esto incrementa la vulnerabilidad de un sector históricamente precarizado y compuesto mayoritariamente por mujeres.

Por último, excluye completamente a las trabajadoras informales y de plataformas. La reforma no incorpora medidas para mejorar las condiciones laborales de monotributistas, autónomas o trabajadoras de plataformas digitales, que representan una gran parte de la fuerza laboral femenina en Argentina. Estas trabajadoras seguirán sin acceso a licencias por maternidad, paternidad o cuidado.

Tampoco existe un reconocimiento de la diversidad familiar, ya que la ley no contempla licencias por adopción ni situaciones especiales como nacimientos prematuros o múltiples, ni el cuidado de hijos con discapacidad. Una vez más, muchas mujeres quedan fuera de la protección del Estado.

Pero la reforma laboral no es el único retroceso que atraviesa la Argentina. La ONU ya le exigió al país que tome medidas urgentes ante el retroceso en los derechos de las mujeres.

El Comité para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) alertó sobre el cierre de instituciones clave y la drástica reducción del presupuesto en áreas fundamentales.

Entre los puntos más críticos señalados por el organismo internacional se encuentran:

  • la prevención de la violencia de género

  • el acceso a la salud sexual y reproductiva

  • la Educación Sexual Integral (ESI)

  • el Plan Nacional de Prevención del Embarazo No Intencional en la Adolescencia (ENIA)

El organismo también ordenó al Estado argentino que, en un plazo de dos años, informe cómo garantizará los derechos de mujeres y niñas, incluido el acceso al aborto legal y seguro.

Todo esto ocurre en una Argentina donde:

  • Las mujeres ganamos un 28% menos que los varones.

  • Las mujeres registran mayores tasas de desocupación (9,7%) y subocupación (14,9%) que los varones.

  • Los niveles de empleabilidad femenina en los sectores populares se concentran en el servicio doméstico (97%) y en profesiones feminizadas como salud (72,3%) y educación (71,5%).

La reforma laboral impulsada por Milei no hace más que profundizar la precarización y consolidar un retroceso en materia laboral, particularmente para las mujeres.

A esto se suma una realidad estructural que sigue sin resolverse: las tareas de cuidado. Porque cuidar no puede significar tener menos derechos.

En Argentina, 9 de cada 10 mujeres realizan tareas de cuidado, con un promedio diario de más de 6 horas y media, mientras que los varones dedican en promedio la mitad de ese tiempo.

Además, el 68% de las tareas domésticas y de cuidado no remuneradas son realizadas por mujeres, lo que limita su acceso al empleo pleno y a su crecimiento profesional.

Ser mujer en la Argentina de Milei nos obliga a encarar el día a día con organización, unidad y rebeldía.

La historia del movimiento feminista en la Argentina es clara: ningún derecho nos fue regalado. Cada conquista —desde el voto hasta el aborto legal, desde las licencias laborales hasta las políticas contra la violencia— fue el resultado de años de organización, de lucha colectiva y de mujeres que decidieron no quedarse calladas.

Hoy, cuando el ajuste intenta borrar esas conquistas y el Estado se retira de sus responsabilidades, la respuesta vuelve a ser la misma de siempre: más organización, más calle y más lucha.

Porque cuando la pobreza tiene rostro de mujer y los derechos se ponen en discusión, no queda lugar para la indiferencia.

Si tocan nuestros derechos, respondemos en las calles.
Por ellas. Por nosotras. Por todas.
Feliz lucha.
Y el 9 de marzo, otra vez, todas a las calles.